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Nadie más hablará de "El Alarma"

Esta es una de las historias detrás del documental Adentro, en la cárcel de Jóvenes de Catalunya. 

por - Pau Coll

“Fue el pasado 10 de septiembre. Un compañero de nuestro módulo. Le apodaban ‘El Alarma’. Sin saber el motivo exactamente, bueno, hay quien dice porque le iban a deportar. Pero dicen tantas mierdas aquí adentro que uno ya no sabe ni lo que es verdad. El caso es que el chaval se suicidó, se colgó del cuello”.

“El por qué, nadie lo sabrá. Solo Dios o él lo pueden saber. Y nada, quería decir esto para que quede claro que aquí la gente también muere. Esto es una mierda en verdad, ¿sabes?”

"El Punky", un joven preso de 21 años, mira directamente a la cámara. Así cuenta el recuerdo de su compañero muerto. “El Alarma” se ahorcó con las sábanas colgadas en la litera de su celda, en el módulo 3 del Centro Penitenciario de Jóvenes de Catalunya.

“El Armenio” sostiene la cámara, y Soufian, “El Ingeniero”, aguanta una pértiga con un micrófono atado en el extremo que, con muy mala puntería, intenta dirigir hacia “El Punky”. En la cárcel los nombres propios solo se escuchan por megafonía. Juntamente con un par de presos más, este amateur equipo de filmación, se encuentran en uno de los patios aislados del DAE(*). Unos muros de hormigón innecesariamente altos asfixian el lugar que recuerda más al tragaluz de un alto edificio que a un patio para airearse tras diez horas de encierro.

Como siempre que muere alguien en una cárcel, el suicidio de “El Alarma” deja un ambiente tenso en todo el centro. Silencio y abatimiento. El equilibrio emocional es algo frágil para los habitantes forzosos de este lugar.

“El Alarma” era muy joven, 20 años le calculaban sus compañeros, y tenía una condena corta, de dos años y tres meses. Además, le quedaba poco para salir en libertad. Tres meses menos de sentencia y el juez no lo habría encerrado siquiera. Este joven marroquí emigró sólo a España. No se le conocía más familia que un hermano preso en Marruecos.

Vino sólo y fracasó. Su suicidio llegó después de una carta de Extranjería en la que se le notificaba su deportación. El camino que tenía por delante era terminar la condena, y sin siquiera dar un paso como persona libre, sería trasladado al Centro de Internamiento para Extranjeros de la Zona Franca de Barcelona. En menos de 60 días, sería entregado a las autoridades marroquíes y, después, un futuro incierto. Un camino que “El Alarma” no quiso escoger.

La historia de este joven es una más entre todas las historias que se ocultan en esta cárcel. El novato equipo de filmación quiso contarlas en un proyecto documental participativo en el que, durante un año, han discutido, guionado y filmado un largometraje sobre su propia experiencia vital. El resultado, ADENTRO, es un ejercicio para autoanalizarse y explicarse sin la presencia de narradores externos que nunca han estado privados de libertad.

“Es eso, no quiero detallar, tampoco hay más. Te levantas y te dicen todo lo que ha pasado, ves el camión como entra, sale, y es todo una puta tragedia. El módulo en luto, nadie come, nadie ríe, nadie escucha música… Nada más, ha pasado eso y que en paz descanse el chavalito”, añade “El Armenio”.

A parte de estas líneas nadie más hablará de “El Alarma”. Sin familia y muerto en un país ajeno, nadie se acordará más de este joven inmigrante que terminó sus días en una cárcel de Catalunya.

 

* Los DAEs (Departamentos de Atención Especializadas) son módulos de las prisiones en los que se ofrece una atención especial a los internos por su situación de vulnerabilidad.