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Los rostros del CIE

Agresiones, maltrato, falta de atención médica e incluso muertes que no han sido explicadas conforman la sórdida lista de abusos que se han reportado al interior de los Centros de Internamiento de Extranjeros (CIE) de España. Este proyecto retrata y entrevista a algunas de las personas que han sido retenidos contra su voluntad en estos centros solo por su condición de indocumentados.

por - Pau Coll

Mustapha Karroumi

Marruecos, 75 días en un CIE

El 14 de febrero del 2000, Mustapha se escondió en la caja de un camión durante 36 horas para llegar a España. Tenia 18 años y se había quedado solo en Marruecos. Toda su familia vivía ya en Cataluña. El viaje fue un éxito y consiguió llegar a Molins de Rei donde trabajó en la construcción hasta que la crisis empezó a golpear.“En 2007 la empresa empezó a ir mal y empezaron a despedir gente. En la misma empresa trabajaba yo, mi padre y mi cuñado. Luego estuve un tiempo en el paro". En el 2011, Mustapha perdió la residencia aún teniendo más de cinco años cotizados.

“Sin mirar cuanto tiempo llevaba aquí, sin mirar si he trabajado, sin mirar por mi familia ni por nada". El 16 de enero del 2011 le pidieron la documentación en una estación de tren. “Cumplí casi los 60 días, que es el máximo que se puede estar en el CIE, pero cuando me faltaban seis días me deportaron” A las 4 de la mañana se presentaron en su celda: “levanta el culo que tienes 5 minutos para recoger tus cosas, te vas a tu país” le dijeron. “Estuve en Marruecos un año y cuatro meses, ya deportado y con una orden de expulsión. Estuve allí como un loco perdido, no tenia a nadie, mis padres vivían aquí, tengo siete sobrinos viviendo aquí, yo sentía que me habían quitado el derecho a estar con mi familia".

“En el verano del 2012 volví a regresar, nadando hasta la playa de Melilla y conseguí esconderme en un ferry". A los dos meses de regresar a Cataluña, Mustapha se casó con su actual esposa. Un año después fue enviado, por segunda vez, al CIE de la Zona Franca de Barcelona. “Una semana antes de salir yo, a uno le tenían la cara desfigurada, no te digo que te peguen con la porra, no, no, a puñetazos, a codazos… te desfiguran la cara, a mi me la han desfigurado". En una ocasión, le encontraron un encendedor en la celda, “entraron como diez agentes de golpe, me tocó que estaba con cuatro [internos] que no hablaban bien el castellano, yo era el único que hablaba bien, pues empecé a hablar, y al hablar, pues recibí, los otros eran jóvenes”. Resulta que el castigo eran nueve segundos de descarga eléctrica con un 'taser', a escoger entre la espalda y los pies. “Al que era mayor le dije: bueno, vamos a comernos el marrón tu y yo y dejamos a estos tres. Elegimos los pies. Nueve segundos, dije. Asumimos el castigo”. Los policías nacionales dijeron que iban a castigar a los cinco, pero el 'taser' no tenía batería así que lo harían de otra manera. “Antes de que pudiera entender a qué "manera" se refería ya había recibido un guantazo. Llevaban guantes, pero cada cada golpe me tumbaba al suelo. Luego me cogían dos agentes y me ponían de pie, y uno me cogía del pelo hacia atrás poniendo la cara bien. Y otro guantazo y al suelo. Seis veces me lo hicieron”. Todos los internos recibieron, solo el más joven se libró.

Mustapha es uno de los pocos inmigrantes que se han atrevido a denunciar judicialmente agresiones sufridas en los Centros de Internamiento de Extranjeros. Su proceso se encuentra en fase de instrucción, pero ya ha podido declarar. “Pero te digo tío, allí se maltrata a la gente. Yo he estado en una cárcel de marruecos un mes, pero que se te pongan diez funcionarios y te revienten la cara así... no, tío, así no.No es por lo que me han hecho a mi. Murieron dos personas allí dentro y no quiero que les pase a otras personas y ya está”. Mustapha no tiene el dato correcto: son cuatro las personas que han muerto en el interior del CIE de la Zona Franca.

Mamadou Blade

Senegal, 30 días en un CIE

"Yo les dije que no estaba bien, que me mandaran al médico, que no podía comer, que no podía dormir, que no podía hacer nada. Estuve mucho tiempo pidiendo que me llevaran al hospital pero no querían."  Mamadou hoy ya está en un hospital, concretamente en el único centro médico de Cataluña especializado en tratar la tuberculosis. “Yo pienso que la causa de la enfermedad es el CIE, porque yo antes no tosía, pero cuando llegué allí todo empezó”.

Hace 10 años que Mamadou abandonó el trabajo agrícola en su Senegal natal, en busca de su hermano que vive en España. "La entrada fue un poco difícil porque pasamos dos días en el mar. La patera donde estábamos estaba toda estropeada, la policía nos rescató a todos. Si no, aún estaríamos allí”. Mamadou pisó suelo español por primera vez en Fuerteventura y posteriormente fue trasladado a Andalucía, donde fue liberado. Su experiencia en el campo le permitió encadenar varios trabajos agrícolas durante años pero en 2012 se encontró sin opciones en el sur y decidió moverse a un piso en Lleida, cerca de su hermano. “Vinieron a la casa donde vivíamos siete personas y detuvieron a todos los que no teníamos papeles”. Fue el 25 de marzo del 2014.

Los síntomas de Mamadou empezaron tras 10 días de encierro en el CIE de la Zona Franca de Barcelona. Tenía frío, no podía comer. Tenía fiebre y había perdido las fuerzas. “Yo cogí esto allí dentro, antes no estaba enfermo. Un día tosí y saqué sangre. Bajé para buscar si había enfermera pero era domingo, y no había nadie”. Hasta los 30 días de encierro no fue trasladado al Hospital Clinic. Dio positivo en una de las enfermedades más antiguas que afectan al ser humano: tuberculosis. En ese momento se le otorgó la libertad.

Mamadou lleva tres meses de tratamiento y, en el mejor de los casos, le faltan otros tres. “Yo de momento estoy aquí para curarme, esta es la idea que tengo. En el centro hay gente que lleva uno o dos años, yo no sé cuanto tiempo voy a pasar aquí".

Marisol

Guinea Ecuatorial, 33 días en el Cie

Marisol no se llama Marisol. Ha elegido el nombre de una de sus hijas para este relato, que empieza el día que su marido murió, allá en su país.

“Vine para buscar la vida de mis hijos, porque me quede viuda. Tengo 4 hijos, uno de ellos esta enfermo, no habla, no anda. Está invalido (...) Yo quería traer a mi hijo enfermo para que le puedan hacer tratamiento aquí, porque en mi país no hay buenos médicos”

En 2007 Mari Sol había conseguido juntar el dinero suficiente para comprar un billete de avión y un visado de tres meses a España, donde vive una hermana de su madre. Viajó sola, dejando a sus hijos atrás. Durante los siguientes 3 años fue capaz de evitar los controles policiales hasta que un día de junio de 2010 fue arrestada. Se dirigía a un curso de formación para mujeres migrantes.

“Eran las diez de la mañana cuando baje del autobús, en una bocacalle que esta aquí cerca, allí los policías me cogieron, me preguntaron por los documentos y les dije que no tengo nada (..) Al día siguiente me llevaron a Madrid, yo sola, no sabía que me iban a hacer allí. Después de tres días (en el pabellón para mujeres del CIE de Aluche) me llevaron al aeropuerto para que subiera al avión. Les dije que no iba a subir al avión, desde que he venido aquí yo no he hecho nada malo, yo he venido a buscar la vida de mis hijos, no puedo irme así…”

Marisol sufrió un ataque de ansiedad. Se desmoronó a las puertas del avión y en ese estado fue imposible deportarla a Guinea Ecuatorial. Los policías la devolvieron al CIE a la espera de un nuevo vuelo.

“Estaba con un montón de mujeres de diferentes países. Me dijeron que maltrataban a la gente en el aeropuerto, yo he tenido suerte que no me han tocado ni nada, pero yo vi tres mujeres dañadas. Me contaron que les estaban pegando allí en el aeropuerto. Hasta había una mujer brasileña que estaba embarazada de dos meses y tuvo aborto”.

Aunque el recuerdo de los hechos produce lagrimas en la narradora, no deja de hablar. "Mi paisana también. Tenia un niño de 4 años aquí y les dijeron que aun que tenga un hijo español tienes que ir a tu país directamente, no importa. Le pegaron en el aeropuerto también. La segunda vez que se la llevaron la ataron con cuerdas y se la llevaron en avión, así”.

Marisol pasó 30 días más en Aluche. 30 días esperando a que la subieran de nuevo a un avión, pero eso nunca ocurrió. “No me avisaron, yo estaba en el salón en el momento del desayuno, me dijeron coge tus cosas vamos, me abren la puerta y me dijeron vete”.

Años después, Marisol ha conseguido regularizar sus papeles. “Solo quiero trabajar y ayudar a mis hijos que puedan estudiar, y a mi hijo que esta enfermo tiene que venir aquí.  Pero para traer un familiar necesitas contrato de trabajo y de vivienda. Esta complicado...”.

Ion Starescu

Rumania, 56 días en el CIE

Ion era vigilante de seguridad en Rumania, un oficio que lo convirtió en un hombre rudo. Vino hace ocho años. Trabajando en la construcción en Madrid se gana mucho más que como custodio en Buzău, su ciudad natal, pero al  poco tiempo se quedo sin trabajo y en la calle. Pensó en regresar pero su pareja, una inmigrante peruana con problemas de salud, le hizo quedarse. Actualmente vive en un descampado a cambio de vigilarlo.

Durante la conversación su novia le llama en varias ocasiones, tiene miedo de que sea demasiado sincero. Ion esta amenazado. "Vino el jefe de la policía y me dijo -piénsate en hablar al periódico o a otra cosa porque tu puedes morir en cualquier momento, sabemos donde vives-. No pasa nada, nadie tiene dos vidas, por dios". A Ion lo detuvieron volviendo de un comedor social, era el 29 de abril de 2014 y lo encerraron en el Centro de Internamiento de Extranjeros de Madrid. "Es más como una cárcel de Guatemala, por dios, traen un perro y un perro no come . Entré con 84 y mira como estoy ahora, 60 kilos peso, en dos meses."

A Ion le notificaron cinco veces orden de expulsión. Cuenta como en dos ocasiones le subieron a un vuelo comercial que se dirigía a Rumania. Iba maniatado y escoltado por cuatro agentes, pero encontró la manera de impedir su deportación. "Les pedí que quería hablar con el comandante de el avión. Yo tengo la familia aquí, yo no quiero viajar a Rumania, le dije. -No pasa nada, en cinco minutos eres libre,  yo soy el comandante y el avión es mío-". Repetidamente, los policías golpearon a Ion en las costillas pidiéndole que hablara en castellano, pero el piloto del avión solo hablaba rumano. Los pasajeros estaban asustados. Asegura que en el furgón de vuelta los golpes se repitieron, siempre en el cuerpo. Nunca en la cara.

Ion cuenta que después de las agresiones ni el doctor del centro ni Cruz Roja le quisieron hacer un parte médico. También afirma que recibió golpes dentro del CIE. "Los que más reciben son los de Suramérica, reciben mucho más, no sé porqué".

"Yo tengo mi pasaporte, yo me voy solo a Rumania, no con violencia, no con golpes, así, me voy cuando yo quiero porque soy europeo, hoy estoy aquí y mañana en Francia, o donde quiera".

Hibra

Senegal, 39 días en el CIE

Hibra es un nombre falso. Este hombre de 34 años siempre usa el nombre de un sobrino suyo cuando habla con desconocidos sobre su historia. "Yo vine aquí para conseguir un futuro mejor para mis hijos, un futuro que yo nunca he tenido, por eso arriesgué mi vida, por ellos. He venido a España tres veces: en 2006, 2007 y 2008. Las dos primeras veces no tuve suerte, pero me mandaron al Senegal sin ningún problema. En 2008 cuando me pillaron, me juzgaron y me acusaron por ser el capitán del barco (la patera). Me condenaron a tres años". Hidra era pescador en Dakar, y tenia una barcaza.

“Esos tres años yo lo he pagado como se tiene que pagar, porque tampoco hay otra solución no? Y lo pago dignamente, no he tenido problemas con nadie (…) Ahora mismo el mejor amigo que tengo es el capellán de la cárcel, el mejor amigo que tenemos todos los inmigrantes aquí. Yo le llamo 'viejo Nacho'. Lo poco que ganaba en la cárcel él me ayudaba para mandarlo a mi familia".

Terminada su condena, Hibra fue liberado de la cárcel. Vivió y trabajó durante tres años en la localidad de Valeria la Buena (Valladolid) como cuidador de caballos. “Me gustaba pero no es lo mío, pero yo cualquier trabajo intento hacerlo porque a mi en la vida lo que me da felicidad es trabajar y cuidar a mi familia". El 17 de enero del 2014 Hibra se dirigía a Valladolid a comprar alimentos cuando fue detenido por no tener documentación y trasladado al Centro de Internamiento de Aluche, en Madrid. "El Cie es inhumano. Yo pasé tres años en la cárcel y un mes y medio en el CIE, si quieren llevarme al CIE prefiero estar el doble de tiempo en la cárcel, es lo peor que he visto en mi vida”.

“Yo lo que me pensaba era grave porque había un avión el día 13 de febrero para el Senegal. Por eso me cogieron". ONGs, amigos y funcionarios publicos de Valeria hicieron escritos a su favor para que no lo deportaran. “Por eso estoy hablando contigo, si no fuera por el apoyo de toda la gente ahora no estaría aquí. El alcalde de Valeria, la gente de Cubilla de Serrato, el viejo Nacho. La gente que me ayuda están ayudando a los inmigrantes todos los días, pero no se ve”. Él se salvo, pero, según Hibra, el 13 de febrero, 34 personas que estaban encerradas en el CIE de Aluche fueron deportadas al Senegal. "Te tienes que portar muy bien muy bien o super bien para que no te peguen (…) Yo no tuve problemas, si pides derechos pero no te los dan pues no los pidas, agaché la cabeza hasta ahora”.

El día que Hibra fue liberado, los vecinos de Valeria la Buena organizaron una fiesta.

Salvador Adolfo Banko

Argentina, 60 días en un Cie

La primera tierra española que Salvador pisó como hombre libre, fue la cuneta desierta de la carretera C-31, cerca del Prat del Llobregat. Un coche de policía abrió la puerta y dejó a Salvador, lleno de moratones y casi sin poder andar.

"En julio del 2011 decido venirme para Europa. Traía conmigo 400 gramos de cocaína y eso fue lo que me encontró la Guardia Civil en el aeropuerto. Cumplí 3 años y 4 meses en (la cárcel de) Lladoners, Manresa.”

El 28 de noviembre del 2014, a sus 44 años, Salvador salió de la cárcel.“Me estaba esperando la policía nacional. De ahí na' más, de la puerta de la cárcel me llevan al juzgado y bueno, el juez me manda al CIE. Yo le dije al juez -Por favor no me encierre de vuelta!- El juez respondió -Pero no, eso no es una cárcel, es un centro de internamiento-"

"Y yo cuando vi el CIE... Yo prefiero hacer 6 meses en la Modelo que 5 días en ese Centro. Eso es para animalitos. La soberbia que tienen los policías, como nos tratan... Como una mierda! Nunca me sentí tan mierda como en el CIE.”

“Yo quería pasar los 60 días, y pensaba que iba a salir antes,  pero el día 60, calculo sobre las 6 de la mañana, me vienen a buscar, sin avisar. Yo pensaba que me iba a la calle.  Ni desayuno ni nada. Vienen los de expulsiones, me atan con unas sogas las manos, tipo bridas. Ni me dijeron que iba a volar, nada nada nada, yo me entero que me expulsan cuando veo el avión."

“Me llevan en furgoneta (hacia el avión) y allí me asusté en serio porqué un tipo se subió con una bolsa negra… Allí me ataron los pies y las rodillas. Eran 4 policías. -Como voy a caminar con esto?- El policía respondió: .-si no subís te voy a moler todos los huesos-. Me arrastraron hasta arriba y allí me golpearon y empezamos a forcejear” Salvador todavía guarda una foto en su móvil con un moratón que le ocupa todo el muslo.

“Gritando, gritando el piloto apareció: -Déjenlo, no va a volar este muchacho- Entonces allí me bajaron y me dieron un par de castañazos en la cara, no sé… de la bronca que no me pudieron subir supongo".

En ese mismo momento a Salvador le hicieron el acta de libertad y le quedó una expulsión de Europa para los próximos 5 años. La Policía Nacional lo dejó en la propia nacional de camino a Barcelona. Salvador se tuvo que espabilar para volver a por sus maletas que ya estaban facturadas y volver a Barcelona. “En la carretera me dejó! Con el pie que no podía andar de lo que me habían pegado y el cuello (amoratado) de lo que me habían ahorcado para que no gritara".

“No me avisaron de nada, todo a ultimo momento y como riéndose de la gente. Me ataron como a un animal, como un cerdo me ataron. De allí vino mi bronca también, si me hubieran hablado bien mejor para todos.  14 horas de avión atado como un gusano, eso no...”

Zauhi Mohamed

Argelia, 135 días en un CIE

A Zauhi lo han deportado tres veces y tres veces ha regresado, subido en una patera. Su familia está en España. Su mujer, embarazada, y un hijo de cinco años también se encuentran en situación irregular. Viven en la misma ciudad pero Zauhi prefiere no compartir hogar con ellos, por miedo a que los expulsen por su culpa. Sin dinero ni trabajo, este joven Argelino de 27 años vive en el suelo de una minúscula habitación prestada por un paisano suyo. Habla como un hombre hundido, cada una de sus palabras transmite tristeza.

La historia de Zauhi empezó en 2007 en una playa de la ciudad de Oran llamada el Aaiún. En esa playa se puede comprar el derecho a jugarte la vida en una patera que navega hasta las costas de Almería por 10.000 linares  (unos 1.000€). Zahui pagó la cuota y emprendió el viaje, pero en cuanto tocó suelo español fue arrestado y trasladado al Centro de Internamiento de Extranjeros de La Piñera, en Algeciras.

Desde esa fecha hasta hoy, Zahui ha sido arrestado cuatro veces por ser un extranjero indocumentado. Tres de los arrestos terminaron en deportación. Cada deportación terminó en una patera de vuelta a Almería. Zahui ha pasado un total de 135 días encerrado en tres Centros de Internamiento de Extranjeros del territorio español: Algeciras, Tarifa y Barcelona. Muy a su pesar, Zahui se ha convertido en un experto en CIEs.

“Mal, muy mal, tratan mal, pegan a la gente. No hay servicios dentro del chavolo... la comida fría, no hay nada, la cama de plástico, no hay almohada, no hay manta, el frio... El mes pasado un paisano mío fue a ayudar a un marroquí que se iba, eran las cuatro de la mañana, te lo juro, y vino un policía y pum, en la boca, cayó el chico con sangre y todo".

En octubre de 2010, Zahui participó en una huelga de hambre para protestar por las condiciones de su encierro, una de las muchas que se suceden en los centros. Después de eso fue deportado por tercera vez.“Yo no sabia nada, estaba durmiendo y vinieron: 'levántate levántate, tienes libertad'. Yo pensaba que me dejaban en libertad, dejé la ropa allí para mis paisanos, y cuando estaba abajo estaba la policía: 'tienes cacheo, te vas para tu país". El ultimo regreso fue el peor, veinte personas se quedaron sin gasolina en una patera de cinco metros de largo. Pasaron siete días en altar mar.

Abdou Sech

Senegal, 53 días en el CIE

Adbou no se llama Abdou. Escogió este nombre para aparecer en el reportaje en recuerdo de un amigo suyo deportado hace poco más de un mes. Esconde su identidad por la orden de expulsión que tiene vigente. Su historia empieza en el 2008 en un hospital de la periferia de Kaolack, Senegal, en el que su madre agonizaba. “Yo no soy el mayor, pero mi madre, cuando moría en el hospital, sus ultimas palabras me las dijo a mi: cuida de tu familia". Abdou se quedó sin padre ni madre y con 6 hermanos "y desde ese día he sacrificado mi vida para venir aquí. He hecho 4 días de mar, sin comer, sin beber…Yo he venido con amigos de mi mismo barrio, se han muerto delante mío, en la patera mismo. Te mueres, la gente te mira, estas muerto, te cogen, y al agua".

Hoy, Abdou vive en uno de esos pueblos de la costa mediterránea que los turistas invaden 3 meses al año. El 31 de marzo de este año fue detenido en la estación de tren del aeropuerto del Prat en Barcelona. Fue entonces cuando supo que tenía una orden de expulsión del país que nunca se le había notificado. Fue entonces cuando conoció el CIE de la Zona Franca de Barcelona.

“La comida es… tu sabes que esto no lo vas a comer, malísima. Nunca comería eso en la calle. Y la poli, cuando vienen enfadados, tu tienes que pagar los platos rotos. Yo he iniciado dentro una huelga de hambre. Cuando yo estaba dentro, había una paisano mío (refiriéndose a Mamadou Balde), cuando el llevaba cinco días nos empezamos a conocer, hablamos, compartimos tabaco y tal. Yo cada día lo veía peor, se encontraba flojo, cada día mas delgado, tosía y le salía sangre." Una noche, justo antes de entrar en las celdas, Mamadou se desplomó delante de todo el mundo. A las pocas horas estaba hospitalizado y diagnosticado con tuberculosis. Al día siguiente, aproximadamente la mitad de personas internas en el CIE de la Zona Franca se plantaron en huelga de hambre para pedir análisis médicos. “Están jugando con mi vida, yo no lo voy a permitir, yo he entrado sano, si me expulsan me tienen que llevar sano a mi país, si me sueltan, también: me tienen que soltar sano".

Los huelguistas consiguieron negociar directamente con el director del centro, que aprobó una revisión medica para las personas más cercanas a Mamadou. Abdou estuvo entre los seis primeros analizados. Los seis dieron positivo en tuberculosis y se les agendó una segunda prueba al cabo de 4 días para confirmar el diagnóstico. La mayoría de estas pruebas nunca se pudo realizar. Cinco de los seis positivos fueron puestos en libertad antes, incluyendo a Abdou. “Me he encontrado bien. Fui al médico pero aún tengo que esperar que me manden la tarjeta del médico de aquí”.

Antonio Oproiu

Rumania, 54 días en el CIE

Antonio se ha mudado a Valencia. A él le gustaba vivir en Madrid pero las continuas detenciones le han obligado a cambiar de ciudad. Sin trabajo, sin casa, sin familia, sin nada. Su única posesión es un sofá abandonado en un descampado cerca de la Ciudad de las Artes y las Ciencias.

“...para buscarme la vida. Vine solo solo, no sabía ni el idioma. Solo hola. Hablaba un poco ingles pero el castellano tardé casi un año para aprenderlo. Como aquí jugaba el Barça, el Real Madrid, Kaka, Ronaldiño en el 2007 me vine a Madrid. Escogí así, por el fútbol. O a Roma o a Madrid".  Después lo normal, la historia que muchos inmigrantes relatan en España: Trabajó en la construcción hasta que las ofertas de trabajo desaparecieron.

“Me fui a la cárcel 6 meses. Creo que era Agosto (de 2011). Cuando la cárcel me dio libertad me esperaban dos secretas en la puerta. Cuando salí fuera vinieron los dos chicos: ¿Hola que tal? Tienes que venir con nosotros”.  Del Penal de El Dueso en Cantabria al CIE de Aluche, sin un minuto de libertad. “Estuve 40 días en Aluche y me expulsaron. Con la gente no tuve ningún problema pero con la policía sí. Te empujan, se ponen chulos contigo... Lo que he escuchado yo es que a los malos de las comisarias de Madrid los mandan allí como castigo. Si quieres denunciar no hay como, no hay abogado, no hay nada.”

“Volví en Agosto (de 2014) otra vez. A las dos semanas de estar en España me paró la policía en la calle: Hola, documentación. Me pidieron el pasaporte y me dijeron: ven con nosotros" Con los papeles confiscados, Antonio fue retenido en los calabozos de la comisaría hasta que fue trasladado al CIE, donde pasó dos semanas. En esta ocasión no fue deportado. Quedó libre con aviso de expulsión, una amenaza que no tardó en materializarse. En menos de sesenta días Antonio ya estaba de nuevo en un calabozo. Esta vez lo mandaron directamente al aeropuerto para ejecutar la expulsión.

“Yo les he dicho desde un principio que soy de Rumania y que no quiero irme más por la fuerza, soy europeo. Si soy malo, metedme en la cárcel, no pasa nada, pero sin nada no voy para donde quieras tu. Esta vez no quiero". La policía respondió a los argumentos de Antonio con  golpes en las costilla y una camisa de fuerza, mientras lo metían en un avión. “Le dije al piloto que no quería subir que no quería ir a Rumania, que ellos me están mandando por la fuerza.”  El comandante, máxima autoridad en cualquier vuelo, no aceptó a Antonio de pasajero y la policía tuvo que devolverlo al CIE de Aluche. Luegom de nuevo, en la calle y sin documentación.

“Mira, no tengo un duro de verdad, yo quiero la libertad y quiero a mi familia. Segundo día que no como. Esto está muy complicado”. 

Mohsan

Pakistan, 25 días en el CIE 

Mohsan escogió este nombre porqué es el más querido de sus 6 hermanos, todos ellos residentes en Pakistán.  La primera vez que hablamos pidió esconder su identidad por miedo a ser detenido de nuevo. No sirvió de mucho. Pocos meses después de nuestra entrevista fue deportado.

Cuando tenía solo 21 años Mohsan abandonó la pobreza en la que había crecido para iniciar un éxodo de un año que empezó en Islamabad y terminó en Guipúzcoa. Euskadi aún otorga ayudas económicas a personas solas en situación de desarraigo y eso le hizo decidirse.

A principios del mes de Julio del 2014 Mohsan tuvo una discusión con su pareja en una cafetería. La discusión se encendió y la policía intervino. El joven pakistaní fue trasladado a una comisaria cercana donde pasó 24 horas antes de ser puesto en libertad. Para su sorpresa en la calle le esperaban dos Policías Nacionales vestidos de civil que lo obligaron a irse con lo puesto a la Comisaria General de Extranjería en Donostia. Allí  Mohsan descubrió que existía una orden para mandarlo de regreso a Pakistán.

Tramitada la expulsión, Mohsan fue trasladado al CIE de Aluche en Madrid.      “Mal, ni la comida bien, ni dormir bien, nada. Yo no tengo culpa, yo no he vendido droga, no me han denunciado nunca, nunca, porqué me encierran un mes? (…) Una persona, si tiene culpa, la cárcel esta bien, pero yo nunca antes había estado en la cárcel, ni nunca denunciado. Aunque yo tenga hambre, no robo”

Lejos de su casa, Mohsan no pudo recibir ninguna visita en el CIE. Sus conocidos en Madrid también son pakistanís y ningún de ellos se atrevía a acercarse al centro por miedo a ser detenidos. “No solo yo lloraba, mucha gente mayor allí también lloraban. Paquistanís, marroquís…". El 28 de Julio de 2014 fue puesto en libertad de nuevo. Una libertad que solo duró hasta el 26 de Noviembre a las 8 de la mañana.

El joven pakistaní aún dormía en su casa cuando la Policía Nacional llegó a detenerlo. Dos días después ya estaba en un avión dirección Islamabad con otros 70 pakistanís y 140 policías que custodiaban su deportación. Eso es lo que relata el mismo Mohsan, ahora ya por Skype. “Todo el mundo lloraba, todo el mundo estaba mal”. Es difícil imaginar el ambiente de un vuelo con 70 historias de fracaso todas juntas.

Durante la detención previa a la deportación, los conocidos se acercaron a la policía a preguntar por Mohsan. Un agente les respondió “Muy bien, de los mejores”. Al parecer no tuvo en cuenta que el joven se corto las dos muñecas en un ultimo intento desesperado para no ser deportado. Ahora Mohsan enseña unas largas cicatrices por videoconferencia. Aunque el duro recuerdo de la deportación sigue muy presente, ya piensa en volver para Europa. En el Punjab no hay futuro para él. 

Eva

Nigeria, 7 días en el CIE

Para contar su historia Eva ha escogido su apodo de trabajo, el apodo que usa cuando se prostituye en la calle. Esta joven Nigeriana de 26 años comparte su vida y su relato con una hija de 5 años.

“Vivimos en la misma casa, en una habitación. No tengo trabajo, no tengo papeles. Trabajo en la calle, así que si quiero salir a trabajar por la noche se la dejo a alguien, le pago a una persona 60 euros porque no puedo dejarla sola”. ”Mi bebé va a la escuela, tengo que pagar los libros, ropa, y pago el alquiler de la casa del dinero que hago en las calles. A veces no tengo...”

“No tengo familia, mi padre y mi madre están muertos. El sufrimiento era demasiado, tenia que irme. (Cuando salí de Nigeria) estaba embarazada de dos semanas. Primero de todo hay un hombre, le pagué dinero, después de Nigeria a.... a Lagos, de Lagos a Kano... a varios países. A veces usábamos un coche grande con más gente, a veces caminábamos a medianoche entre los arbustos para que la policía no nos viera, ellos están intentando matar a todo el mundo, no quieren que la gente cruce por su país. No caminábamos por las tardes, sino a medianoche, para cruzar las fronteras. A veces nos quedábamos en los bosques por algunos días, cuatro o tres y luego caminábamos por las noches otra vez hasta llegar a Marruecos (...) Cuando llegué a Melilla, di a luz. Estaba en la calle sobreviviendo con mi bebé”.

“De Marruecos a Melilla con un barco, en la noche. Había mucha gente, unos 160. Era un barco grande. Pagamos a la gente para que nos cruzaran, gente blanca de allí. Cuando llegamos a Melilla nos iban a deportar, porque ya hay suficientes nigerianos en Melilla dijeron. Cambié mi nombre porque estaban deportando a la gente y yo no quería volver, así que lo cambié y dije que venia de Gambia. Mi Libro de Familia es de Gambia pero mi pasaporte es de Nigeria”.

Eva se afinco en España y consiguió criar a su hija con las limitaciones de vivir en situación irregular. 5 años después de llegar, en verano del 2014, fue detenida durante un viaje realizado para conseguir un contrato laboral.

“-No tengo papeles, no tengo pasaporte, no tengo ninguna fotocopia-, por eso me cogieron. Les dije que tenia un bebé pero dijeron: No, porque el nombre es diferente, el nombre que tengo en el libro de familia es de Gambia pero mi pasaporte es de Nigeria. Por eso me llevaron al CIE de Madrid”.

Eva estuvo solamente una semana en el centro. No habló con nadie, no comió, no durmió. Solo lloró. Ser devuelta a su país y dejar sola a su hija de 5 años era un miedo que la devastó.

“Yo no quería hablar con ellos. Estava muy enfadada, porqué dejé a mi bebé, tengo que ir con mi bebé! No hay llamadas, la policía tiene mi teléfono porque ellos dicen que no hay llamadas en ese lugar. Estaba tan enfadada, llorando para poder salir y venir a encontrarme con mi bebé, que ni siquiera hablé con nadie (...) Me dejaron ir pero alguien me ayudó. Un abogado, alguna gente”.

Ese alguien que ayudo a Eva fueron Caritas y Pueblos Unidos, dos de las muchas organizaciones de la sociedad civil movilizadas para defender los derechos de los inmigrantes dentro y fuera de los CIEs.

Es difícil de entender el porqué, pero cuando Eva salió en libertad su hija de 5 años se encontraba en comisaria. “Mi amiga dijo que cuando llevó a mi bebé a la comisaría, se sentó y ellos se llevaron a adentro, yo estaba en el bus viniendo para casa. No puedo ir a preguntar porque no tengo papeles. Mi amiga, la que llevó a mi bebé tampoco tiene papeles.” Ni ella ni las organizaciones sociales que le apoyan han entendido el porque de este echo. Finalmente, madre e hija se reencontraron 10 días después.

“En el futuro me gustaría tener un trabajo distinto, porque este trabajo es muy difícil, andar por las calles de noche. A veces no hay nadie, solamente pasa la policía... Pero si tengo papeles, si pudiera hacer otro trabajo, lo haría. Estoy intentando obtener mis papeles pero sin pasaporte no puedo hacer nada.”